Cuando se desvaneció, ya había desaparecido.
~Hola! Hola!
~Ala! Ala!
El niño entra en su niño de memoria. Se sienta y abraza el polvo que lo rodea como belleza innata. La tierra, el olor de la tierra. Pasa enormes ratos absorto en la vaciedad de los espacios. A veces jugará con las almendras. A veces jugará con el Otro niño, quien desaparecerá a intervalos, su más será la soledad.
~Hola! Hola! No quisiera morir, me encanta el aire.
~Ala! Ala!
Su intuición explora los espacios infinitamente grandes y los infinitamente pequeños.
~Será un pastor.
~No. Será un maestro.
~No quisiera morir.
La luz es clara. Los olores son colores esporádicos al olfato. La comodidad es total. El niño deviene almendras en la ausencia de las miradas. Crea mundos por donde pasa el agua de forma ingenua y milagrosa. Abre los grifos y espera con inocencia.
~Debe de haber algo más grande de lo que puedo llegar a imaginar.
~También debe de haber cosas mucho más pequeñas de lo que puedo llegar a pensar.
No se preocupa por cuantificar. Su alejamiento del mundo es casi infinito: la intuición cede ante los momentos de sopor, o de felicidad inexplicable.
Wednesday, December 9, 2009
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