Siento que llega. Acontece nuevamente oscura, sin representación reconocible. Me escondo, no encuentro su palabra. Trazo sobre un papel la demostración de un teorema y lloro de lluvia. Diverge sin mapas, me hace palpar lo inútil de mí mismo. Quiero absorberme en su intuición, estar, siquiera, en la periferia, o hacerla converger un poco para aprehenderla al menos en una mínima luz de mi mundo.En otra parte escribo: Trato de conjurar tu geografía, resultar un volver cada vez más complejo, beberme en el agua que escapa a tu memoria. Me da miedo el instante de los azares, presentirte diferente por un gesto del habla nuevamente, sentirme un cuerpo hecho de temperamento. Pero pido mucho a mi singularidad, y lo presiento. Trazo los valores de una curva. Lo fácil. Aproximo integrales, resuelvo ecuaciones. Pero no puedo ser la suma sin la herida. Quiero jugar a ser la figura cualquiera, morirme todo lo posible, incluso físicamente.Y ahora que lo leo, veo cuánto he delatado de mí a mí mismo. Concibo un antes vacío de retraso, átomo de tiempo hacia aquello, la caída sin retroceso. Quizá sólo la virtud causaba los contrarios, y no tiene sentido lo que digo. El entre dos no era tal, claro, pero si se reunía todo el reverso de lo proferido, me recordaría desaparecer de las direcciones, la marca de lo ascendente.
Soy culpable de la regresión. La consecuencia es mía, aunque moriré inconsecuente, como siempre he sido.
Sunday, January 24, 2010
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