Sunday, January 31, 2010

9

Alguien canta en tu cuerpo viejos hombres oxidados, palomas de septiembre, sueños blancos en que el agua te hace aire, tus primeros balbuceos. Cruzas por la lengua de un gato la forma de una ele, preñada de sol ante el recuerdo oscuro que se repite en tu memoria, como fijación de aquellas sombras alegres que se van, quizá para conservar la estabilidad de la vergüenza. Te viertes en tu antes aunque ignoras el zumbido de una frase a otra. Te sigo hasta la explosión y escapas de tu nombre. Tu ser-serpiente resulta mar o alga para luego desembarcar en agonía o en la flor amarilla que nunca dio tu seno. Ojos de pez con alas, te desplazas azúcar de lo que no calzo, ojos de paz con alas. Regresas en la forma de fijeza fingida, pretérita con alas. Te escondes del estruendo, irreal como los dos, mas escondes sólo algo de la piel, lo que no basta, sabiéndote infalible. Afilarías los dientes para un ausente, la ausencia para un posible presente. Secas los pómulos de todos los que te observan. No recuerdas un lugar, y los fantasmas no responden la pregunta que llevas, como talismán, en tu cuello. Lames tu brazo, ausente, embriagada ante el barullo del triunfo de la espuma. Alguien es a tu beso como siempre quise girar el mundo. Alguien grita tu cabello ondulado en su lecho de muerte, cuando nuestro fantasma mutuo entra y sale de nosotros, sin que el viento le nombre. Alguien, nadie, mientras vas de un lado a otro de lo firme sin determinar la forma de lo que olvidas.

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